viernes, 26 de diciembre de 2014

"PUÑO, EL DOCTOR"

CUENTO : 
“PUÑO EL DOCTOR”

Cuando era niño, mi Padre, nos trajo un hermoso perrito de color cenizo claro y blanco manchado; muy gracioso y juguetón. Al cumplir él, aproximadamente un año y medio de vida, mi Padre sufrió un accidente en la chacra, estaba corapeando. Al chocar su palana en una piedra, éste, le cortó parte de la planta de su pie, cerca al dedo gordo.
Una herida bien grande, le provocó una fuerte hemorragia, mi Madre, al enterarse del hecho y por el escaso dinero que tenía, no le fue posible llevarlo a un doctor, se vivía lejos de la ciudad. Lo llevó a casa, tomando el hollín negro de la olla de barro, caliente; lo curó. Poco después le paró la sangre; ya en la noche, vino lo peor, mi Padre tuvo fiebre alta con dolor grave ni la infusión de hierbas que le dio de beber Mamá, pudo hacerlo calmar.

El temor eran cuantioso, la vecina, al enterarse de lo sucedido, le decía a mi Madre; “Vecina, llévelo al hospital” – Pero como salir de noche, no teníamos ni caballo, el carro no pasaba por el lugar en horas de la noche, vivíamos en Santa Ana y, el carro del patrón tampoco estuvo ese día.
Quien podría pensar que el doctor se encontraba con nosotros en casa. Mi hermano el mayor, temía que a papá, le diera gangrena. “Puño”, mi perro, que dormitaba muy junto a la tarima donde estaba descansando Papá, al percatarse del llanto y los quejidos del dolor y, al ver descubierto su pie sin protección se acercó a él para mimarlo, oliendo la herida inflamada, cuyo corte era grande como la boca de un sapo. Empezó a lamerlo y lamerlo como acariciándolo hasta dejarlo blanco, totalmente limpio sin rastro de sangre alguno, llegó a calmarle el dolor con tan agradable medicina de su boca.
Todos nosotros, nos habíamos quedado dormidos. Al despertar, Mamá, notó que la herida ya no fluía sangre, sintió que el dolor de Papá había calmado y pudo dormir tranquilamente, ¿Cómo creer que Puño tenía la medicina en su lengua? – Al día siguiente: Papá, amaneció tranquilo, Puño; repitió la curación, por varios días, sanándolo totalmente. Mi perro fue felicitado por todos, donde íbamos lo llevábamos, comía tan igual como la familia.
Pasó el tiempo y mi perro enfermó, una terrible enfermedad lo atacó, le dábamos de todo pero su mal era más que su valentía y el cariño que nos demostraba. Días después, falleció, mi Padre se puso muy triste; en casa, todos lloramos por su partida a una buena vida junto a San Lázaro allá en el cielo azul. El que nos supo comprender con su instinto animal, que nos acompañó en nuestros días de infancia, vive siempre en nuestros recuerdos. Hoy me doy cuenta que el perro no sólo es el fiel amigo del hombre sino muchas veces el Doctor que no tenemos por falta de dinero.

Autor: 
Luis Huerta Lomotte
PLUMA SECHÍN