lunes, 7 de mayo de 2018

TUCUSHUANCA O TUCUSWANKA

TUCUSHUANCA –TUCUSWANKA
(Leyenda)

Fueron tiempos de zozobra, la comarca había sido dominada por un ser del más allá encarnado en hombre cuya fuerza era imponente, obligaba a los moradores a los más indignos placeres, llevándolos al desenfreno del dolor, la injusticia y la muerte.

Cada ser, era tomado como presa de la invocación al más allá, terminaba en el claustro de la tierra como indefenso cordero. Los cuerpos eran llevados por los ancestros, que retornaban a  esta vida para cobrar venganza del dolor ocurrido.
La noche se había convertido en el sometimiento, la lujuria, el deseo de la carne se envolvió entre las llamas del placer. Una mujer, era entregada para no sucumbir en la maldición y la desgracia fatal de todo un pueblo. Se escuchó una horrenda arenga ceremonial del más allá.  
En aquellos tiempos, una población entera se preguntó cómo un hombre lleno de vigorosidad física y mental pudo hacer tanto alarde de su encanto en la población que le creyó su proverbio de defensor y protector de los débiles, haciendo uso de su poder que venía de las extremas contiendas del bosque y la oscuridad, del desierto y el espanto, de los cerros y los encantos, los dominó.
Una noche volvió a la comarca para llevarse a alguien más. Una voz de sacrificio, sometiéndolo a mejor pretexto de la tortura como si no le importase nada, tomó la chonta y las dagas y se los cruzó por los costados e invocó las leyes del más allá, se escuchó un crujir de huesos y un ras…ras…rasgar de piel. La noche estaba envuelta en cielo tenebroso. Cayeron lloviznas y el relampaguear desprendía una luz incandescente a cada designio que se escuchaba en el lugar. Espantados los moradores sólo atinaban la mejor forma para cobijarse dentro de sus casas.
Pero el cazador apareció de la nada, formado, para liberar de las continuas desgracias ocurridas que se habían desatado en el pueblo. Luchó en contienda, era el ángel de la guarda de la comarca…despiadado, botas de cazador, sombrero de ala ancha para cubrirse de la llovizna y el frío de la madrugada, pantalones anchos y poncho prieto y una correa que guardaba el cinto, cuchillos, dagas y machetes.  La muerte anunciaba la ira, la desidia, la sangre se desvelaba por su cuerpo. Fueron horas de contienda.
El amanecer se acercaba, ¡Tucus!... ¡tucus!… ¡tucus!, ¡demonios!, ¡demonios!, ¡demonios!, se desesperaban por terminar la contienda con las almas que clamaban venganza. Wanka el caballero del bien y el mal se enfrentaba a duras fortalezas que sobrevenían del más allá, unos con piel de chivos, otros con cardos y espinas y otros con tremendos cachos de toro.
La lumbrera y los relámpagos solo hacían notar la espantosa imagen de los tucus que se creían vencedores. Los gallos anunciaban la primera luz del amanecer cuando entre los cuchillos y los machetes, Wanka, esgruñía estocadas, que al tocar a las almas del infierno fueron desapareciendo entre harapos y cortes. Fue entonces que el equilibrio de poderes entre el cazador de la noche y la maldad se ponía uno a uno. Sintió Wanka una estocada en el costado, muy certero, que le hizo disipar sus fuerzas, a  punto de perder la vida, pero su habilidad pudo más, que en un ardid tomó de entre sus bolsillos un crucifijo y un san Cipriano y se lo puso en el pecho del tucu…e invocando su poder terrenal de cazador y dominante de las almas del más allá. ¡TUUCUSWAAANNNKAAA! un cuchillo de acero se insertaba en el pecho, lacerante atravesaba el corazón del demonio. Entre el sosollo de la madrugada,  la lumbrera y la niebla de la noche fría, pudo verse al hombre desaparecer poco a poco hasta que ojo humano nunca más lo volvió a ver hasta la eternidad de hoy  y el mañana…

FIN

AUTOR: LUIS HUERTA LOMOTTE
"PLUMA SECHÍN"
2017



sábado, 28 de abril de 2018

UN NIÑO TRISTE EN EL CIELO

"UN NIÑO TRISTE EN EL CIELO"
(Relato de la Vida Real)


Estaba  leyendo unos libros muy bonitos, mientras  la radio daba las noticias del día, en eso escuché que un Señor bien malo, pero bien malo había gritado a una maestra que estaba embarazada. Ella muy preocupada por la injusticia que se había cometido en su contra, fue  a reclamar  sus derechos al Representante  de la educación, pero este señor muy malo como  un ogro y con su mirada de un toro, gritaba  y gritaba, …decía el locutor…


Al cabo de unas horas, la maestra se había puesto muy mal, al extremo que la pobre tuvo que asistir de inmediato a la Posta médica, donde luego el doctor la tuvo que intervenir, resultado, un niño muerto por culpa de este indolente hombre, malo pero muy malo.

Me puse a reflexionar, sobre como las personas que no son bien preparadas y no tienen corazón para sus semejantes, pueden  llegar a cometer un acto negativo,  y  sorprendernos  con su desaire y prepotencia, y hacer que una madre, una maestra, pierda  al hijo de sus entrañas.

El niño ha viajado al cielo, sin poder lograr sus deseos de ver la luz, la vida y la esperanza de ser un hombre de bien en nuestra comunidad. Él, que deseaba, conocer físicamente a su mamá, él que soñaba ser un niño alegre, estudioso y muy querendón.

Un vulgar hombre, le apagó su destino y le quitó la vida como cortar el cuello a un corderito. Si el pobre niño hubiese podido defenderse en ese instante, habría tomado la armadura de Dios para defenderse.

Estoy seguro que si hubiera nacido, a  los pocos años lo veríamos jugando en el patio de la escuela, corriendo como todos los demás, haciendo amigos, o de repente una que otra palomillada o moviéndose a golpes y una trompada, todo sería alegría en cualquier instante.

¡Pero no, un hombre bien malo, pero bien malo!, le cortó el deseo de vivir. Ahora vive muy desconsolado y triste en cielo.

Él se encuentra muy triste porque nadie  se conmovió de su inocencia, nadie pensó, que sería la alegría de mamá, el protector de su hermana o el compañero ideal de su hermano.

Por eso, en mi sueño  él me ha enviado un mensaje, para decirles a todas las madres y las maestras  de esta tierra, que traten de defender a los niños  de toda injusticia que cometen los hombres en contra de la inocencia  y  sus derechos.

La mejor alegría que se puede dar  a esta inocente alma, es proteger a otros niños que van creciendo en el vientre de su madre, pensando tal vez que en el futuro, será un gran hombre, un doctor, un ingeniero, un soldado, un buen padre o un buen ciudadano de este pueblo.

No dejemos que la crueldad, la intolerancia, el  desaire y la prepotencia sean causales de otra pérdida, cuya culpa tengan que pagar los niños inocentes como aquél que  ha viajado al cielo porque su mamá no estuvo preparada para lo peor.

Los niños son  la ilusión de la sociedad, la alegría del hogar, no debemos dejarlos morir por torpezas,  a veces, como seres pensantes no podemos resolver, por falta de entendimiento como seres humanos,  nos pide su alma que vivamos siempre  en la dirección correcta que los libros enseñan y reclamemos lo justo de nuestros derechos con armonía y comprensión, no queremos otra muerte más, que dañe  nuestra inocencia y sobre todo escucharlo de alguna autoridad. Paz y amor entre los hombres. El niño triste en el cielo…

AUTOR
LUIS HUERTA LOMOTTE
PLUMA SECHIN
2017