miércoles, 6 de agosto de 2008

LAS FRUTAS GOLOSAS


"LAS FRUTAS GOLOSAS"


(CUENTO)

En una fiesta sabrosa, las frutas se deleitaban con el repasar de una música movida, con el sabor extrigente de las pulpas aromáticas y sabrosas, cual jugosos jugos chorreaban ardientes en las beldades bocas golosas de la humildad, la chusma y los exigentes encopetados. Renunciando a su virginidad y tapujos puritanos, putichinas ellas se levantaron en discursos deleitantes:
Un uva chiquita pero bien picosa se movía al ritmo de un merengue, su sabor agridulce hacía presagiar una cálida sensación de doblés en las encías; un rechinar de dientes la envolvió en un aliento de vida; una que otra tonada. Una ciruela le salió al encuentro , malicioso se cruzó en un líquido champagñesco que los adientes afloraron un dolor amoroso y penetrante a su manjar, mientras una palta rolliza se controneaba con un ritmo reggaeton esperando ser devorada en una suculenta y sensual ensalada.
Al otro lado, dos plátanos dobleteaban sus curvaturas en sensación de noviazgo, observaban las horas de ser cogidas por las plásticas manos y las bocas agradables de las desenfrenadas damiselas que en el comensal se movían. Una guanaba no muy coqueta se puso muy triste en el éxtasis de su jugosa entraña, blanquesina y tersa. Era ella el postre final seguramente y así sentir el clímax del placer en tan cadorosa boca.
Sin presagiar destino, apareció una sandía bien rolliza, colgaba su carnosa figura, mientras su velo y verde faldón floresta se levantaba para coquetear y mostrar su picaresca pulpa, entraba y entraba en apasionado deseo. Un mango que se comportaba todo galán de pacotilla entre los palomillas de las frutas jugaba muy ardiente con las bellocidades de su grandiosa carnosidad frutal, bien redonda ovalada.
En el transcurrir de un pisco adoquinado y bien helado que pasaba por la gargantilla de un guapetón, el limoncito diminuto no se hizo esperar, tomó a la gordilla granadilla sus pepas arrojar. Diluido quedó y sintió el placer más profundo que un villano no tendría. Era la noche inesperada de un trágico trago, golpiza de bravucón.
En la cocina de la burda hada, los tomates se divertían por darse un baño en fragancia aceitosa, sintiéndose apetitosa como el aroma del fresco viento. Al verse atrapada, una lisonja cebolla lloraba su desgracia,  por haber sido picada por un filudo aguijón de un modesto bufón, que no paraba de lastimarla.
Y así, siguió la fiesta , todas ellas muy alegres se contorneaban y se bañaban en redondas jaranas de las bocas golosas que se movían al compás de una hermosa melodía y entre los dientes que las acariciaban; más de una terminó extasiada...

Autor: Luis Huerta Lomotte
"Pluma Sechín"
2006

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