domingo, 9 de agosto de 2020

 

LAS FRUTAS GOLOSAS

(CUENTO)

En una fiesta sabrosa, las frutas se deleitaban con el repasar de una música movida, con el sabor estridente de las pulpas aromáticas y sabrosas, cual jugosos jugos chorreaban  ardientes en las beldades  bocas golosas de la humildad, la chusma y los exigentes encopetados. Renunciando  a su virginidad y tapujos puritanos, putichinas ellas se levantaron en discursos deleitantes:

Una uva chiquita pero bien picosa se movía al ritmo de un merengue, su sabor agridulce hacía presagiar una cálida sensación  de doblés  en las encías; un rechinar  de dientes la envolvió en un aliento de vida; una que otra tonada. Una ciruela le salió al encuentro, malicioso se cruzó en un líquido champagñesco  que los ardientes afloraron un dolor amoroso y penetrante a su manjar, mientras una palta rolliza se contorneaba  con un ritmo reggaeton  esperando ser devorada en una suculenta y sensual ensalada.

Al otro lado, dos plátanos dobleteaban sus curvaturas en sensación de noviazgo, observaban las horas de ser cogidas por las plásticas manos  y las bocas agradables de las desenfrenadas  damiselas que en el comensal se movían. Una guanaba no muy coqueta se puso muy triste en el éxtasis  de su jugosa entraña, blanquecina y tersa. Era ella  el postre final seguramente  y así sentir el clímax del placer en tan candorosa boca.

Sin presagiar destino, apareció una sandía bien rolliza, colgaba su carnosa  figura, mientras  su velo y verde faldón floresta se levantaba para coquetear y mostrar su picaresca pulpa, entraba y entraba en apasionado deseo. Un mango que   se comportaba todo galán de pacotilla entre los palomillas  de las frutas  jugaba  muy ardiente  con las vellosidades de su grandiosa carnosidad frutal, bien redonda ovalada.

En el transcurrir de un pisco adoquinado y bien helado  que pasaba por la gargantilla de un guapetón, el limoncito diminuto no se hizo esperar, tomó a la gordilla  granadilla sus pepas arrojar. Diluido quedó y sintió el placer  más profundo que un villano no tendría. Era la noche inesperada  de un trágico trago, golpiza de bravucón.

En la cocina  de la burda hada, los tomates se divertían por darse un baño en  fragancia  aceitosa, sintiéndose apetitosa como el aroma del fresco viento. Al verse atrapada, una lisonja  cebolla lloraba su desgracia  por haber sido picada por un filudo aguijón  de un modesto bufón que no paraba de lastimarla.

Y así, siguió la fiesta, todas ellas muy alegres se contorneaban y se bañaban en redondas jaranas de las bocas golosas que se movían al compás de una hermosa melodía y entre los dientes que las acariciaban; más de una terminó extasiada... 

 


AUTOR:

LUIS HUERTA LOMOTTE

"PLUMA SECHÍN"

CASMA- ANCASH -PERÚ

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